• Cosas que pasan

    No sé como, sólo sé que me he despertado a su lado. Mi pecho estaba contra su espalda, y mi mano derecha sobre su cintura. Poco a poco voy recuperando el sentido y comienzo a moverme. Ella responde contoneando su baja espalda sobre mí. Poco a poco se iba convirtiendo en un movimiento rítmico…

    Empiezo a recordar que aquella noche estaba en un garito de la Corredera Baja. ¿Mis ojos estaban embotados, o era el local sobrecargado?. Lo cierto es que la china se me cayó al suelo, debía de ser una señal, mi cabeza no podía soportar una calada más, pero mi cuerpo viciado no paraba de pedir más… ¿O era mi cabeza viciada y mi cuerpo embotado?

    Mis rodillas apoyadas en las baldosas del local y mis manos palpando entre los pies de la gente. La puta china no aparecía.

    Unas manos amigas se agachan y se preocupan por mi situación.

    La excusa de las lentillas no tenía ni pies ni cabeza, ella me insinuó que si la invitaba a unas caladas me ayudaba en mi búsqueda. En esas situaciones de desesperación cualquier ayuda es buena.

    La jodida china no aparecía, pero los dos en el suelo y entre la gente provocaba en mi un estado de absurdo eufórico que acabé levantando a mi voluntaria y agradeciéndole las intenciones, pero que la búsqueda había sido infructuosa.

    Ahí fue cuando vi realmente su cara, era más o menos de mi estatura, morena y de ¿ojos?... joder con tan poca luz no me acuerdo. Lo que sí recuerdo era su sonrisa, parecía provocada por algún tipo de sustancia poco legal.

    Empezamos a bailar una canción de Beck, lo recuerdo porque todas son iguales…

    ¿Un Cacique con cola? ¿O dos?

    Creo que fueron dos un par de caladas regaladas por la afición y una noche más…

    Ella se cambia de postura y se pone frente a mi, abro los ojos y era más preciosa de lo que recordaba, sería la luz, o las caladas o las copas, sé que estaba buena….joder…muy buena!!

    El movimiento empezaba a hacer sus frutos y mis genitales están a punto de estallar…

  • Después de tantos años...

    Después de tantos años de un lado para otro, aeropuertos, estaciones de autobuses, andenes fríos y solitarios de trenes con retraso, taxistas vehementes, azafatas escaparate y eso sí...."mu" buena gente, después de tantos años, todo se acaba.
    El cansancio ha llenado mi cuerpo de heridas, y mi mente de vacíos emocionales. El tiempo ha ido marcando todos esos años poco a poco, día a día... Nadie debería pasar por esa situación, pero al final todo se vuelve mejor.
    Espero que en la otra que vida que empieza sea mejor. ¿Por eso dicen lo de pasar a mejor vida?

    Será para algunos, yo sólo para mi espero que el tiempo me respete ya que hasta ahora era su sumiso siervo.

    Mañana será mejor....eso espero.

  • Un dulce sueño

    Las gotas de la lluvia resbalaban por el cristal. Al otro lado apenas se divisaba el magnolio que habían plantado hace ya 30 años.
    Una tarde más, sentada delante de la chimenea, empieza a recordar aquellos días en lo que todo era perfecto, en lo que todo parecía nada, en como habían convertido su vida en un suspiro. El sueño invadía sus recuerdos y así descansando empezó a soñar con volver a su lado

  • Una mañana más....

    Una mañana más. El cenicero aún tenía caliente la última colilla. Se marchó. Pero como siempre su olor permanecía en mi cuerpo. Un olor amargo como el Gin Tónic.

    Nunca pensé que me podría enganchar así. Aún no sabía que era lo que me gustaba de ella. Supongo que simplemente ella. Daba igual como fuera, daba igual que hiciera, simplemente quería tenerla para mí, para disfrutarla, para que me hiciera disfrutar.

    Las noches eran duras, se hacían interminables, que decir que sin ayuda no conseguiríamos al día siguiente ponernos nuestros disfraces de trabajo.

    Como cada mañana era el café el primero en acompañarme hasta mi mesa de trabajo. Allí las fotos de lo que no era, me sumergían día a día en el mundo gris de mi vida. Ese mundo real, que nos hace sufrir cada día.

    Como cada tarde, la ansiedad me hacía refugiarme en ella. Me tenía a su merced, como una marioneta.
    Un portal oscuro, la última esquina del Pub, la parte de atrás del coche.

    Todo pasaba tan rápido que la vida pasaba sin darnos cuenta. Aquellos días que pintaban bien, aprovechábamos la oportunidad como se nos brindaba, para luego todo volver a empezar.

    Maria no sabe que estova a acabar. Aquellos días pasaron. Estaba dispuesto a volver a empezar.
    Quería salir de ese gris que me acompañaba 12 horas al día, día a día. Necesito luz todo el día. Y la luz que encuentro a las noches no llegan a brillar como yo quiero.

    Mañana se lo diré. Mañana la dejaré. Mañana se acabará.

    Mientras tanto la abrazaré una noche más, sólo esta noche.

  • Sha la la...

    Esa mañana mi cara no podía despegarse de la almohada. La botella de Bourbon a los pies de la mesa de noche no era una buena señal. Vacía, como esa parte de mi vida, esa parte que todos los días acababa igual.
    No era fácil salir de aquel agujero, y menos teniendo una licorería a la vuelta de la esquina.
    Desde fuera todo parecía normal, yo salía de mi trabajo, parábamos en el bar al lado de la oficina y tomábamos unas cervezas. A la media hora cada mochuelo a su olivo. Yo cogía la línea 2 de metro y me bajaba en la parada que durante 6 años me veía de lunes a viernes a las ocho de la tarde.
    Bajaba la calle que llevaba a mi casa, y como siempre la gente apuraba las últimas compras, antes de que los comercios echaran las chapas.
    Yo llegaba a mi casa, dejaba la corbata colgada en el primer pomo que encontraba, le daba al play del discman y mientras me daba una ducha escuchaba un Sha la la….

    Un día más son las ocho de la mañana y después de media cafetera parece que vuelvo a ser el que todos conocen.
    La línea 2 de metro está llena de gente, como todas las mañanas cada uno va en su sitio.
    La chica rubia en el asiento del fondo a la derecha, el señor de la mochila verde de pie agarrando la barra o viceversa, porque cuando viene la curva en subida de cuatro caminos es difícil diferenciar quien sostiene a quien.
    Mi parada. Salimos en el orden establecido desde hace tres años que compartimos vagón y horario. El de la mochila siempre delante y yo pareciendo su sombra. Siempre manteniendo las distancias, los tres metros de distancia de seguridad los respeto y no intento adelantar. Un día lo intenté y me fue imposible, parecíamos dos atletas de marcha luchando por ser campeones en llegar a la vuelta de la esquina. Después de aquel ridículo tan mañanero no pienso volver a intentarlo, aunque al cabrito de él hay días que hace el amago de ir más lento a ver si yo entro al trapo, pero ni de coña, a esas horas no estoy yo para esfuerzos.
    La llegada a la oficina era como siempre, fría y silenciosa. La gente poco a poco iba apareciendo cual fantasmas entre tinieblas. Poco a poco las luces del edificio empezaban a iluminarse y todo volvía a ser como doce horas antes.
    Después de un cigarro en la terraza y un vaso de café sólo no queda más remedio que empezar a trabajar. La cabeza aún está preguntándose porqué le someto a esos excesos, me recuerda cada mañana que algún día se vengará, parece que a ella no le sienta muy bien el Sha la la….

    A las diez de la mañana recibo un mensaje de correo electrónico que dice lo siguiente:

    “Gracias por el trabajo desempeñado en esta empresa. Está despedido. Recoja sus cosas y mañana ya no se presente en su puesto de trabajo”.
    Firmado la dirección de Recursos Humanos

    Con un impersonal mensaje al mail me dicen que estoy despedido después de cinco años trabajando en esa empresa.
    Después de una hora de ardua discusión, más bien de desahogo delante de la cara del jefe de Recursos Humanos, abandono la empresa y ni siquiera recojo mis pertenencias. La verdad es que las cuatro cosas que tenía en mi oficina lo único que iban a provocar en mi era recordar a esos pedazo de hijos de puta desagradecidos.

    A las once y media de la mañana mi cuerpo sale a la calle sin trabajo y con un dolor de cabeza provocado por el Sha la la y la excitación del momento “parado”.

    Salgo del metro en la parada de Santo Domingo y sin un rumbo muy fijo empiezo a subir la calle hacia Callao.

    Sin saber muy bien ni porqué entro en la FNAC y observo como la sala de lectura a las doce de la mañana está abarrotada. Gente joven, maduros, jubilados, amas de casa, chicas en edad de merecer…y un “puto parado”. Decido coger un libro de los denominados auto-ayuda y me siento al lado de un hombre que parece que está más interesado en ver las piernas de una madura talluda que en leer el libro de Pérez – Reverte que tiene en las manos.

    La música que sonaba de fondo era de Cold Play, ¡Lo mejorcito que hay para levantar el ánimo! ¡Vamos no me jodas! Parecía como si me estuvieran dando golpes en la cabeza con un palo de béisbol. Entre la resaca, la excitación del despido y la voz amariconada de Chris Martin…
    ¡Dios!

    Decido irme de ese lugar llamado a la relajación. Provocaba en mi un desasosiego tal, casi superior a ver a la presidenta del Gobierno en el telediario. Que por cierto a la muy hija de puta ya le vale… estoy hasta las pelotas de que los políticos nos den lecciones de moralidad, lecciones sobre salud, lecciones sobre medio ambiente, a ver quien de una puta vez les da lecciones de honestidad y honradez, ¡que nos dejen vivir nuestra vida que no es poco y que ellos y sus circunstancias se vayan al carajo!

    Después de salir de la puerta de la FNAC maldiciendo a los políticos, vuelvo a la calle y vuelvo a cagarme en los políticos. ¿Por qué? Pues porque empezaba a llover y yo sin paraguas. Desde que esa mujer está de Presidenta del Gobierno en mi vida solo pasan desgracias.
    Ahora que recuerdo, el día que ganó las elecciones yo salía del Honky Tonk con una borrachera del quince, la rubia que iba a mi lado también iba bien colocadita, no se como carajo una pandilla de niñatos empezaron a zarandearnos gritando el nombre de la Presidenta, estaban celebrando su victoria, a rubia que me acompañaba dijo algo relativo a la madre de la Presidenta y de ahí me desperté en el Gregorio Marañón en un box de urgencias. Un policía muy amable me preguntaba que recordaba de esa noche, sinceramente, poco, recordaba muy poco, la rubia, los niñatos y poco más.
    La enfermera me dijo que tendría dolor muscular durante unos días y me dio unos calmantes. Eso con el Bourbon era mano de santo…
    A la rubia nunca más la volví a ver, pero a la cabrona de la Presidenta la tengo que aguantar todos los putos días y a todas putas horas en los medios de comunicación. Porqué no se dedicará a trabajar, en vez de andar de medio en medio como si fuera una folclórica venida a menos.

    Paseando por la calle Preciados me doy cuenta de que cada vez más gente intenta vender cosas. Te abordan constantemente ofreciéndote un sin fin de falsificaciones. Falsificaciones que por otra parte bien parecen Verificaciones, dado que a simple vista no se notan las diferencias.
    Una vez delante de la Puerta del Sol me dirijo a ver si aún sigue existiendo la placa que recordaba el Punto Cero de todas las carreteras nacionales.

    Otra vez en el hospital. Otra vez un policía viendo como recobro el sentido. No sé ni que a que día estamos y el cumplido oficial pretende que le diga si recuerdo algo del accidente.

    - Mire agente, no quiero ser descortés, pero por favor, no ve que estoy echo una puta mierda. Por favor, por favor, solo un poquito de tranquilidad…
    - ¿Por cierto agente? ¿Que ha pasado?

    El cabrón se encoge de hombros y sale cerrando la puerta. A los diez segundos, o quizás menos, o quizás más, suenan unos nudillos en la madera de la puerta. La puerta se abre y un ángel vestido de enfermera se dirige sonriente hacia mí. Lo de “ángel” no es porque su belleza, que carecía de ella, sino por la jeringuilla llenita de calmantes que empezó a poner en el gotero.
    Antes de volver a mi sueño, le pregunto a la enfermera si sabe como había llegado hasta allí. Ella entre risas, creo que me estaban haciendo efecto los calmantes porque yo no le veía la gracia, me cuenta que había sido atropellado por un taxista. El taxista estaba muy preocupado por mi estado y que cuando estuviera recuperado se acercaría a visitarme.
    Joder, atropellado por un taxista temerario, el cabrón debía de ir a toda hostia, a juicio del estado en que me encontraba.

    Han pasado quince días y me dan el alta.

    De nuevo en mi casa. El cabrón del taxista estaba tan arrepentido porque no tenía ni licencia, ni seguro. Así que venía de vez en cuando a convencerme que no lo denunciara, que tenía una familia que mantener y que iba a ser de él.
    Al final lo denuncié. Puestos a dar lástima mi vida está más jodida que la de él. Y yo no voy atropellando a ciudadanos con problemas por el mundo.

    Esta puta ciudad se está poniendo insoportable, inhumana e impersonal.

    Poco a poco me voy recuperando del accidente y decido emprender el amargo y largo camino por el mundo de la Seguridad Social. Mi intención era intentar conseguir una incapacidad.
    Los informes médicos, legales, decían que había perdido un 60% de movilidad en la pierna derecha, un 85% en un hombro y un 30% de oído. Vamos que el que me viera andar pensaría que era un “zombi” del Thriller de Michael Jackson.
    Yo creo que lo del oído ya lo tenía de estar tantas noches metido en garitos inmundos, lo raro es que no haya perdido nada de voz, porque había sitios donde ni a gritos conseguía uno comunicarse, eso sí, ¡siempre quedaba el sentido del tacto!

    Voy con mi carpetilla llena de papelotes, o bien llamados informes médicos, un carro lleno de paciencia y me pongo a hacer cola delante de la ventanilla de prestaciones de la oficina de la Seguridad Social de mi barrio. Después de más de una hora esperando mi ánimo aún estaba intacto ya que aquello era un ir y venir de gente con todo tipo de “taras”…la verdad me entretenía aquellos movimientos “migratorios” y porque no decirlo, había una tía en la mesa número 4 que me estaba poniendo a mil.
    Por desgracia a mi me tocó lidiar con un señor bajito, calvito y un poco regordete. Eso sí era un señor muy simpático, seguro que mucho más que la pedazo de diosa del olimpo que ocupaba la mesa 4. Pero me tenía que conformar con hablar con su compañero.
    Al final, después de tanto tiempo, me dan un número de teléfono para que pida cita para una revisión médica de capacitación. Otro número de teléfono era el que yo quería, pero que se le va hacer, “las diosas del olimpo” nunca fueron mi especialidad.
    Un día más perdido y un día menos para una incapacitación de la Seguridad Social, todo parecía que iba por buen camino.

    Me levanto de la siesta con una cantidad de positivismo neuronal elevado, muy elevado, así que con esa elevación me doy una ducha y escucho un Sha la la…

    Son las cuatro de la tarde. Parece que la noche anterior fue larga y dura. Menos mal que mi solicitud de incapacidad va lenta pero segura, o eso creo.
    Poco a poco vuelve a mi la cordura, y empiezo a recordar que la noche anterior había quedado con un tipo esta tarde a las seis, en la plaza de Cascorro.
    Recuerdo que me dijo que era el primo de Juan, el conserje de un edificio donde trabajaba antiguamente el primo de un antiguo compañero de trabajo. ¡Joder! El mundo es un pañuelo.
    Estaba totalmente decidido a no acudir a la cita, pero el susodicho individuo me manda un mensaje al móvil diciéndome que si aún estaba interesado en el asunto.
    La verdad es que poco recordaba yo de la conversación de la noche anterior, ¡joder! ¡No puedo beber!, se me va la pelota.
    Medio sin saber lo que me iba a encontrar ni a quien carajo tenía que buscar llego a la entrada de la plaza y me pongo en una esquina a observar el panorama.
    Por la espalda, pero sin traición, aparece el individuo, del cual no hace falta que diga que no recuerdo su nombre, con la “diosa del olimpo”. Joder que pequeño es el mundo.
    Nos vamos a una cafetería a tomar algo, y yo entre la resaca, el mal cuerpo y el número infinito de curvas que estaba recorriendo mi mente por el cuerpo de la diosa, me empezó todo a dar vueltas, y más vueltas, que pasó algo impropio de mi persona a esas horas. El individuo acabó con 20€ de mi cartera en sus manos para pagar los gastos de la tintorería, con lo cual tuvimos que aplazar la cita y la conversación para otra ocasión. Por supuesto la “diosa del olimpo” no se quedó conmigo, eso sólo pasa en las películas.

    Después de cinco meses de espera y unos cuantos Sha la las, mi situación poco ha variado, sigo cojo, medio sordo y algo torpe de manos, no obstante por lo demás, todo sigue igual. El individuo me ha zumbado 3000€ y estos no eran para tintorerías, eran para pagar los nuevos genitales de la “diosa del olimpo” ya que no era tanta “diosa”, más bien era un pedazo “dios griego”…
    La incapacidad está autorizada, solo falta que me ingresen el dinero en el banco, mi vida tiene que tomar un nuevo rumbo, porque ahora que no trabajo, todos los días son Sha la las… y esto no puede ser.
    Ayer pasé por delante de una agencia de viajes, entré un momento y después de que me despachara un muchacho muy simpático salí de allí cargado como una burra de catálogos de cruceros, spa´s, paradores, balnearios, clubes de gol, etc.…
    No tenía muy claro lo que iba a hacer con todo ese montón de catálogos, pero lo mínimo que podía hacer era ya que los tenía leerlos.
    Estaba pasando poco a poco las páginas, mientras en la puta televisión no ponían nada, cuando mi mirada se paró en la foto estupenda de una chica morena con las manos tapándose los senos que me miraba de forma un poco descarada para no conocernos de nada.
    Mañana mismo me presento en la agencia de viajes y compró un viaje a una playita tranquila a ver si encuentro a una chica como la de la foto.

    Pero no. De camino a la agencia de viajes me encuentro con una antigua “amiga”, mejor dicho, rollete de verano, de hace muchos veranos, de esos veranos en los que la tableta de chocolate aún no se había convertido en morcilla de Burgos.
    Como hacía tiempo que no la veía, y ella parecía que tenía predisposición nos fuimos a tomar un café, del café al colchón y ¿en el colchón?... “polvorón”.

    Mi vida no tiene sentido y creo que nunca lo tendrá. No sé como soy, no sé quien soy, no sé si realmente existo, sé que poco a poco va pasando el tiempo y yo sigo sumergido en mi Sha la la…

  • Gracias a un despiste...

    Seis de la mañana, suena el despertador. Como un día más, medio adormilada, mi cuerpo se introduce en la ducha, el resultado hoy es parecido al de todos los días. Una cara de sueño con esos pelos que se dejan caer delante de mi mirada.
    Estoy ya algo cansada de ver siempre esos rizos aleatorios delante de mi cara.
    Después de un breve desayuno, el tiempo aprieta, me dirijo al garaje a coger el coche para ir a mi trabajo. Salgo por la inclinada rampa que conduce a la realidad y comienza ese peregrinar multitudinario de gente. Gente que viaja con cuatro lucecitas puestas, dos delante y dos detrás de color rojo, por lo intempestivo de la hora.
    Paradas en los semáforos, retenciones a la entrada de la SE-30. Rutina
    La verdad es que todas las mañanas son iguales, son las mismas, a los lados de la autopista el sol empieza a iluminar los campos de algodón.
    Las últimas luces artificiales se apagan y dejan paso a la natural.
    Mis pensamientos como todos los días están perdidos en cual será la próxima historia que voy a escribir. Hasta que delante de mí un camión aminora la marcha sin motivo aparente, pongo el intermitente y…

    Cinco de la tarde, han pasado dos días, abro los ojos y me rodean un montón de cables y monitores. Sin duda estoy en el hospital. No hace falta ser muy lista para darse cuenta de eso. Intento mover mi cuerpo y me duele, poco, pero me duele. Noto las piernas, las manos, los dedos, vamos que lo noto todo.
    Empiezo a pensar en lo que pasó para situarme en esta nueva situación. Joder, como hecho de menos el “puto” móvil.
    Miro hacia la derecha y veo una ventana, detrás de la cual están mis padres y hermanos, haciendo gestos, señales…joder que ridículo están haciendo, les levanto el pulgar como diciendo que todo está bien, y pienso en lo ridículo de mi, lisiada entera y diciendo que todo va bien, si sólo con verme seguro que doy pena…

    Seis de la mañana, después de un año y nueve días vuelvo a la rutina. Salgo de la ducha, limpio el vaho que hay en el espejo y veo la misma cara que veía antes del accidente, sólo una pequeña cicatriz en la ceja derecha, que hasta me realza ese aire underground que poseo.
    Desayuno con un poco más de tranquilidad de cómo lo hacía antes, y después de bajar al garaje allí está, el coche. A simple vista está como siempre, me contaron que no valía para nada, pero yo quería ese coche.
    La SE-30 sigue con el mismo tráfico. Los campos de algodón…
    Los campos de algodón serán otro día. A la altura de la Avenida de las Palmeras me salgo de la SE-30 me voy al centro de Sevilla, a disfrutar de la ciudad.
    Son las seis de la tarde y vuelvo a casa, me siento en el coche y me miro al retrovisor.
    Joder que guapa estoy. Mis rizos se quedaron en el suelo de la peluquería, los he cambiado por un tono cereza y destellos azules. Pelo corto, ¡que cómodo!
    Y mañana si tal me voy al trabajo, hoy necesitaba ser realmente yo, ser aquella chica que casi se queda dentro de mí en la carretera por culpa de un despiste.

  • TAMBORES

    Tambores
    "TAMBORES"Oleo sobre lienzo

    TAMBORES

    Tambores que suenan, sonido que en tiempos era de alegría, tambores utilizados en celebraciones, melodías alegres que una vez llegan a la costa se transforman en campanas, campanas como las de Rosalía.
    Sonido que se pierde en el océano, a la costa llega alguna nota de desesperación, como un mensaje dentro de una botella, al que por desgracia no damos contestación.
    Mientras tanto la vida sigue, planificamos el futuro y no tenemos en cuenta esos tambores de auxilio.
    Esos tambores en su tierra sonarían a felicidad, a vitalidad, y una vez que salen de su casa, de su gente, toda esa desesperación por seguir en este mundo, con toda esa voluntad, convierten su sonido en un canto desesperado que apenas se hace escuchar.
    Tambores que suenan, tambores que lloran y que solo quieren algún día volver a bailar.

    CHUPETES DE COLORES

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  • EN EL PUEBLO

    Pueblo

    "PUEBLO" (Acuarela)

    EN EL PUEBLO

    María era la que siempre llevaba la leche de puerta en puerta. Posiblemente era la persona que más veces pasaba por delante de la plaza del pueblo. Era un elemento más de ese paisaje rural que día a día formaba una nueva imagen en la retina de la peña de petanca.
    - Hola María, buenos días
    - A los buenos días nos de Dios, señores….

    Esas era el diálogo pactado. Era un pacto ficticio, un pacto que nadie nunca había violado.
    María vivía unos cuantos kilómetros del pueblo. Vivía con sus padres en una granja, con gallinas, algunas cabras, y un par de buenas vacas lecheras. Todas las mañanas su padre la dejaba en la plaza del pueblo, “el mil leches”, mote puesto por la peña de la petanca, ya que aparte de vender leche, tenía fama de muy mala uva. María descargaba todas las lecheras de la furgoneta e iba poco a poco haciendo su reparto de casa en casa. Mientras tanto su padre se encargaba de hacer el reparto más lejano.
    María era una chica joven y guapa, una buena moza, algo tímida y con un gran problema, su padre. Eran ya pocos los chicos que quedaban en el pueblo, casi todos se tuvieron que ir a las Américas a buscar trabajo, y los pocos que quedaban trabajaban en la tierra como agricultores.
    Todos desearían tener una novia como María.
    Pero especialmente un joven cartero, que como ella pasaba delante de la plaza y siempre la miraba fijamente esperando que ella respondiera con una mirada, el tan solo esperaba una mirada, pero nunca la recibía.
    Los ancianos de la peña de petanca, cada mañana, eran testigos mudos de esas miradas de acercamiento lanzadas por el cartero, pero como todos los días, el pobre mensajero se iba de la plaza continuando su reparto cabizbajo y sin esperanza.
    Pasaba el tiempo, pasaron cerca de cuatro años y día a día se repetía la misma historia y casi siempre a la misma hora, salvo eso sí, los domingos.
    María acudía cada domingo con su padre y su madre a misa, se sentaba en el último banco de la fila derecha y siempre estaba escoltada por sus progenitores. Nada más acabar la misa, eran los primeros en salir, y aún así, siempre había algún galán que le daba los buenos días, ante la mirada amenazadora de su padre.
    Pasaban los días y María como buena hija asumía las órdenes de sus progenitores y en particular las de su padre.

    ¿Qué pasará por su cabeza? ¿Cuanto tiempo esto seguirá así?

    Chupetes de colores

  • CAMINOS

    CAMINO

    Camino

    Oleo sobre lienzo

    CAMINO

    Camino de obligado recorrido.
    Recorrido lleno de tristezas, fracasos, desengaños y temores.
    Temores, desengaños, fracasos y tristezas provocadas por coger caminos que llevaron a este punto.
    Punto en el que todos los caminos se han juntado y dejan paso a uno nuevo que hay que recorrer.
    Ante las puertas de este camino los miedos vuelven a aparecer.
    Aparecen y se hacen visibles a nuestros pies.
    Pies encargados de caminar y llegar al final de este camino que se nos antoja complicado.
    Pero al final de este camino habrá otro y luego otro y otro más…
    De este poco sabemos, desconocemos lo que nos deparará el recorrido.
    Recorridos de los caminos que vendrán también los desconocemos.
    Lo único que sabemos de todos los caminos, los pasados, los que vendrán y el que ahora tenemos que recorrer, lo único que sabemos es que todos están bajo el mismo cielo, ese cielo azul que da luz e ilumina nuestro recorrido.

    Chupetes de colores

  • LA ESPERA

    botes Acuarela

    La Espera

    Pasan los días. Pensamos en esos momentos que han pasado. Pensamos en esos momentos que vendrán, y mientras tanto aquí estamos, esperando. Esperando como botes fondeados, esperando a que suba la marea y con el leve ondear del agua pase el tiempo. Entre ola y ola mi cuerpo se mueve, movido por la corriente, a su antojo, a su merced. Me dejo llevar dentro de ese caos que gobierna el universo, a su libre albedrío, como una pieza más en ese rompecabezas misterioso que llamamos mundo. Mis miedos y mis temores desaparecen en medio de ese torbellino aleatorio de momentos y circunstancias, confundidos con los miedos de otros, haciéndolos suyos, haciéndolos míos. Espera regida por el leve movimiento de las mareas.

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